
Cada día 9, la cripta vuelve a llenarse de pequeños gestos que no necesitan hacerse notar: una visita, unas flores, un instante de recogimiento. Son momentos discretos que pasan casi desapercibidos y, sin embargo, forman parte de una historia que continúa escribiéndose desde hace décadas. Quizá esa sea una de las razones por las que tantas personas siguen acercándose hasta aquí: porque hay lugares cuya verdadera importancia se descubre al volver.
Hermanos Capuchinos