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La fuerza de Dios en la fragilidad

La Unción de Enfermos es uno de los sacramentos más antiguos de la Iglesia. Su origen está en el Evangelio: Jesús se acercaba a los enfermos, los tocaba, los escuchaba y les devolvía esperanza. Más tarde, la carta de Santiago recomienda orar por los enfermos y ungirlos con aceite en el nombre del Señor.

Este sacramento no es “para cuando todo está perdido”, no es la extremaunción como a veces se le llama. La Iglesia lo celebra para pedir fortaleza, paz y consuelo a quienes atraviesan la enfermedad, la vejez o momentos de gran debilidad. La unción recuerda que nadie sufre solo y que Dios permanece cerca, incluso en medio del dolor.

El aceite bendecido nos habla del cuidado, alivio y presencia de Dios. A través de un gesto sencillo —la imposición de las manos y la unción— la comunidad cristiana acompaña al enfermo con oración, cercanía y esperanza.

Hermanos Capuchinos.

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