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Evangelio - La Palabra Del Día

jueves 26 de febrero de 2026

Jueves de la I semana de Cuaresma

Día de San Alejandro
Tiempo Cuaresma

Textos

En aquellos días, la reina Ester, presa de un temor mortal, se refugió en el Señor. Despojándose de sus vestiduras lujosas, se puso ropas de angustia y aflicción; y, en lugar de sus refinados perfumes, cubrió su cabeza de polvo y basura. Humilló extremadamente su cuerpo con ayunos, cubrió totalmente su aspecto alegre con sus cabellos desordenados y suplicó al Señor, Dios de Israel, diciendo: 1«Señor mío, rey nuestro, tú eres el único. Defiéndeme que estoy sola y no tengo más defensor que tú, porque yo misma me he puesto en peligro. ¡Oh Dios, que todo lo dominas!, atiende a la voz de los que pierden la esperanza y líbranos de la mano de los malvados. Y líbrame de mi temor».

Palabra de Dios.

R/. Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
porque escuchaste las palabras de mi boca;
delante de los ángeles tañeré para ti,

me postraré hacia tu santuario. R/.
Daré gracias a tu nombre:
por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera tu fama.
Cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma. R/.

Tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo.
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos. R/.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre. Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden! Así, pues, todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas.

Palabra del Señor.

Jesús invita a la perseverancia y a la audacia en la oración, confiando en la paternidad amorosa de Dios. Los tres imperativos -pedid, buscad y llamad- marcan el sentido de la oración cristiana. ¿Tenemos la confianza suficiente para orar así? ¿No dejamos un resquicio para la duda? Pero nos dice algo más: Ese modo de orar a Dios nos revela el modo como Dios nos “ora” a nosotros. Sí, Dios se ha hecho “mendicante”, nos suplica; llama a nuestra puerta (Ap 3,20), identificándose con los pobres (Mt 25,34-46). Y así hemos de orar nosotros a Dios. Llamarlo, para abrirnos nosotros; buscarlo, para encontrarnos nosotros; pedirle para darnos nosotros. Jesús invita a orar “desde lo hondo” del alma y de la vida, y a orar con un proyecto de vida, pidiendo a Dios la fuerza para llevarlo adelante.