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Cuaresma

El Miércoles de Ceniza marca el inicio de la Cuaresma, un tiempo litúrgico de conversión, penitencia y preparación para la Pascua. En la imposición de la ceniza sobre la frente de los fieles, acompañada de las palabras "Polvo eres y en polvo te convertirás" o "Conviértete y cree en el Evangelio", se manifiesta la fragilidad de la vida y la llamada a la renovación espiritual. La ceniza, símbolo de humildad y arrepentimiento, nos recuerda que nuestra existencia está orientada a Dios y que estamos llamados a la transformación interior.

La Cuaresma, con sus cuarenta días de duración, evoca los cuarenta años de Israel en el desierto y los cuarenta días que Jesús pasó en ayuno y oración antes de iniciar su ministerio público. Es un tiempo de ascesis y recogimiento en el que la Iglesia invita a intensificar la oración, el ayuno y la limosna, como medios de conversión del corazón.

En este camino cuaresmal, la Cruz ocupa un lugar central. Más que un instrumento de sufrimiento, es el signo supremo del amor redentor de Dios. En la Cruz se revela el misterio de la salvación: Cristo, inocente, asume el dolor y las cargas de la humanidad y se entrega libremente por ella. San Pablo lo expresa con claridad: "Nosotros predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los judíos y necedad para los gentiles; pero para los llamados, tanto judíos como griegos, Cristo es fuerza de Dios y sabiduría de Dios" (1 Cor 1,23-24).

La Cruz es un evento histórico y, al mismo tiempo, una realidad viva que interpela a cada creyente. En ella encontramos el sentido del sufrimiento y la esperanza de la Resurrección. Nos enseña que  el sentido de plenitud surge de la entrega, que el amor auténtico se expresa en el sacrificio y que la vida cristiana es un camino de configuración con Cristo.

Al contemplar la Cruz durante la Cuaresma, percibimos la victoria pascual más allá de la aparente derrota. Cristo resucitado nos muestra que la Cruz es el paso necesario hacia la plenitud de la vida en Dios. Asumir nuestra propia cruz con fe y esperanza nos une más profundamente a Él, quien nos ama hasta el extremo.

Hermanos Capuchinos

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