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Hay flores que llegan solas y otras que traen consigo una historia.
Las vemos sobre la tumba: recién cortadas, envueltas en papel, escogidas quizá esa misma mañana. Permanecerán allí unas horas o unos días. Pero quienes las dejan suelen traer bastante más entre las manos.
Un nombre. Una preocupación. Algo que agradecer. Una pregunta que lleva tiempo sin respuesta. El recuerdo de alguien que ya no está. O, sencillamente, la necesidad de detenerse unos minutos.
Nada de eso queda a la vista.
Tal vez por eso resulta difícil explicar qué ocurre cada día 9 junto a la tumba de fray Leopoldo. Podemos contar las personas que llegan, observar sus gestos, fotografiar las flores. Pero hay una parte que pertenece solamente a quien se acerca.
Cada cual trae su propia historia y encuentra una manera distinta de dejarla allí por un momento.
Después se marcha.
Las flores quedan. Lo demás, no sabemos.
Hermanos Capuchinos